"Un hombre torcido"
Importante pieza teatral que trata nada más y nada menos que de la absurda y deleznable persecución y exterminio del pueblo Armenio por parte de los turcos, Héctor Bidonde un abuelo cabal, hombre de honor quien trata de decir su verdad ante un nieto Martín Slipak de generación pacifista pero que no obstante ello tiene la obligación de saber la historia para que no vuelva a repetirse nunca. Muy buena puesta.
 
   
 
La relación abuelo-nieto está dada con soberbias actuaciones.
 

 

 

photos by charly borja 2008

 

ASOCIACIÓN CULTURAL ARMENIA y Eduardo Kozanlián presentan


Un Hombre Torcido


Escrito por Richard Kalinoski
Dirigido por Manuel Iedvabni

Ficha Técnica
Autor: Richard Kalinoski / Traducción Ingrid Pelicori
Intérpretes
Héctor Bidonde,
Alejandra Rubio,
Martin Slipak
Fernando Sureda

Escenografía y vestuario: Alberto Bellati / Luces: Alicia Vera / Diseño sonoro: Miguel Rur / Asesoramiento vocal: Valeria Cherekian / Diseño Gráfico Pablo Bologna / Asistencia de dirección: Guido Grispo / Producción Ejecutiva: Pablo Silva /

Dirección General: Manuel Iedvabni

 


Todos los sábados a las 22.30 hs. y los domingos a las 18.30 hs
Teatro del Nudo, Av. Corrientes 1551 Tel.
Reservas: 4373-9899. Entrada $30

 

Richard Kalinoski presente en el estreno mundial de su obra.



De qué se trata?


“Un hombre torcido” desarrolla el vínculo entre un abuelo armenio y su nieto norteamericano. El abuelo, sesenta años atrás siendo muy joven (la misma edad que su nieto en la actualidad) ajustició al Pashá turco que ordenara el Genocidio Armenio.

La acción se desarrolla en una ciudad norteamericana pero se traslada intermitentemente al juicio que en Berlín le hicieron al abuelo, en el que fuera finalmente absuelto.

Solo cuatro actores deben contar la historia. Además del abuelo y el nieto, un actor desarrolla cuatro personajes testigos y una actriz desempeña el rol de hija del viejo y madre del muchacho, además de representar otros dos testigos.

Por una escalera sinuosa –caracol- se llega al techo. Allí concluirá esta historia sin solución ante la disyuntiva de dos mandatos: No matarás! o Matarás al tirano!

El vínculo entre el abuelo y el nieto, atravesado por un asesinato político en represalia a un genocidio con implicancias muy personales nos lleva a desarrollar el espectáculo en un plano surrealista. Los fantasmas van y vienen y no se van nunca….

“Hacemos esta pieza hoy con la intención de poner el debate ante el público. Demasiados genocidios se suceden delante de nuestras narices para querer escapar a este debate, que deja secuelas que se prolongan por muchas generaciones, no sólo en las víctimas, sino también en los victimarios”, comenta Manuel Iedvabni

 




La opinión de charly Borja

Qué bueno que se lleve a escena una obra que cuente la historia del genocidio del pueblo Armenio en manos de los turcos, fue una matanza abominable muy anterior al exterminio de los judíos por parte de la Alemania nazi, dos hechos fundamentales en la historia de la Humanidad que deberían estar grabados a fuego en la mente de todo ser humano sano y libre para no olvidar jamás semejantes atrocidades.

 

 


Manuel ledvabni dirige soberbiamente esta interesantísima puesta de teatro moderno con una estructura dramática de peso, moviendo a sus queridos actores como delicadas piezas de ajedrez sobre un escenario convertido mágicamente en un tablero de juego, y es en este juego donde permanentemente se presenta la realidad del tiempo presente, convergiendo en el pasado y cohabitando también con personajes fantasmales como los que tan bien interpreta don Fernando Sureda en esta obra.

 

 

El joven actor Martín Slipak por momentos hace vibrar al espectador con esos punzantes diálogos con su abuelo que interpreta sin fisuras el muy experimentado y convincente don Héctor Bidonde, cuyo histrionismo escénico va más allá de la pieza en sí, para convertir algunos tramos de la misma en el profundo drama de un hombre que sufrió los horrores de las atrocidades los atropellos y la demencia por parte de los turcos quienes le lastimaron lo más bello que tenía, su corazón, a través del ataque a su familia cuando él era sólo un niño.

 

 

Y, en ese mágico vuelo de esa relación abuelo-nieto, cuando ambos suben y permanecen en el techo de la casa hay hermosos momentos porque ellos logran liberarse de todos aquellos fantasmas y ser francos con ellos mismos para poder encontrar una paz muy buscada y tan pocas veces hallada en compañía de una melancólica canción Armenia y de un susurro imitando al viento.

Complementa este fuerte grupo actoral, la expresiva actriz Alejandra Rubio quien se constituye en la cuarta columna actoral que sostiene esta atrapante historia del imaginativo Richard Kalinoski.

 

 

En los rubros técnicos, muy bien resuelta la escenografía a cargo de Alberto Bellati, exaltada por la plástica y sensible iluminación de Alicia Vera.